miércoles, diciembre 24, 2003

La última tentación de Nikos Kazantzakis

¿Existe la posibilidad de escapar al Destino?, ¿es posible de librarse de la atormentante sensación de Dios?, ¿qué pasa cuando el que lucha contra este sentimiento es el propio Jesús, considerado el Mesías e Hijo de Dios?. Estas son las preguntas que plantea Kazantzakis en su espléndida novela La última tentación, en la que Jesús pierde ese halo intocable con el que la religión lo trata y se convierte en un personaje preso de dilemas, con mucho dolor, con miedo frente al destino que se le presenta.

Jesús, no es solo el hijo del carpintero, es el constructor de cruces de Nazaret. Repudiado por sus vecinos, se entrega a su tarea sabiendo que es el único que puede hacerla. Es quien hace el cadalso para los innumerables mesías que se rebelan contra el imperio romano. En una época donde los judíos detestaban a sus conquistadores, construir las cruces era visto como un acto de traición. Mas esta imagen que se contrapone con la del Cristo crucificado, es solo un pequeño simbolismo de los dilemas a los cuales se enfrentará Jesús.

La presencia de Dios lo asedia desde muy joven. Es como si las garras de un águila se posaran en él y no lo soltaran, clavándose hasta el fondo de su espíritu y a las que por más que se huye, más duelen. Jesús escapa al desierto, a un monasterio perdido en donde termina por rendirse ante el dolor de Dios. Regresa cegado por esa presencia que lo apresa y se encuentra con Magdalena, a la que en otro tiempo hubiera deseado como su mujer pero ahora solo le inunda una profunda compasión hacia ella.

El discurso de Jesús en La última tentación es de un amor infinito, no hay diatribas contra los que desean atacar a la mujer adúltera, Jesús es reconciliación y amor completo. Obviamente quienes lo seguían y creían que era el Mesías que los iba a liberar se extrañaban de estas palabras, pero vivían hipnotizados ante su fuerza. Sin embargo, al decidir ir a Jerusalén, donde se siente llamado al Templo y a cumplir su Destino, se va transformando y se vuelve más colérico y frustrado conforme ve que Jerusalén es una guarida de ladrones. Desea escapar de esa sensación que lo atormenta, sin embargo ya no le es posible.

Judas es el otro personaje que sobresale en esta historia: es quien cuenta con toda la confianza de Jesús, es prácticamente su guardaespaldas, su servidor más fiel, y la vez su detractor más grande. Judas no logra entender por qué Jesús con todo su imán ante la gente la une y la levanta contra los sacerdotes del Templo, contra los reyes títeres que los gobiernan, contra los romanos que los dominan realmente. En Judas existe una mezcla de amor y odio, producidas por la presencia de Jesús y de la cual será víctima.

La tentación está siempre presente en toda la historia. Hay que llegar a Jerusalén pero ni siquiera el propio Jesús sabe bien para qué, hay que predicar el amor pero no hay nada que haga que valga la pena el vivir por él y para él. Todo su camino lo hace en una especie de estado hipnótico, arrebatado por una pasión que lo consume y de la que la tentación de liberarse se hace cada día más fuerte. En el momento de la crucifixión esa ocasión se le presenta: puede terminar ahí todo ese camino sin sentido y unirse con Magdalena o con Marta y María, las hermanas de Lázaro. Puede vivir como cualquier hombre, lejos de sus tormentos habituales, puede tener hijos y escapar para siempre a su muerte. Aunque su cuerpo fallezca quedarán sus semillas, quedarán sus hijos así como los de todos los humanos, que en alguna parte conservarán el recuerdo y la imagen de quien los concibió. Así renunciará a la muerte en una de esas cruces que construía y de alguna manera vivirá eternamente.

En esta colección de imágenes contradictorias y apasionantes, Kazantzakis demuestra un conocimiento enorme sobre los Evangelios apócrifos, sobre el Jesús histórico, sobre la parte no oficial de la historia. En la novela vemos aparecer cómo es que los Evangelios oficiales son parte de una conspiración sobrenatural para contar cosas que nunca pasaron pero que funcionan como “mentiras piadosas”. Incluso se narra la existencia de Pablo, quien transforma a Jesús en el Cristo, inventando el cristianismo en las bases que conocemos. Tal vez esto no sea lo suficientemente escandaloso como la atracción entre Jesús y Magdalena. O tal vez sea el conjunto, y el por qué esta novela ha sido considerada como maldita, prohibida y herética.

En realidad, es todo lo contrario. Kazantzakis en el prefacio describe cómo fue creando esta obra. Fue presa de un dolor y una impresión similar a la de su protagonista. En lugar de crear la negación de un Dios, construyó la exaltación de un ser Humano. Su Jesús es un personaje lleno de matices, es un humano en tres dimensiones, y es con mucho más cercano y más tangible que el del retrato oficial.