viernes, septiembre 10, 2004

Medúlla de Björk (2004)

Si una palabra puede definir al más reciente disco de Björk es “audacia”. Sus experimentos con voces, coros y sonidos creados por computadora, además del impresionante trabajo de programación y mezclado que compone a Medúlla, hacen que este disco valga la pena solo por su extraña combinación de elementos mínimos con la exhuberancia del resultado final. Grabado en varios canales, que se interrumpen el uno al otro, Medúlla es una experiencia en distintos planos superpuestos, pero a la vez armonizados.

Si Vespertine puede compararse con un disco que empieza al mediodía para terminar al anochecer, Medúlla continúa en el punto dejado en la producción anterior y se interna en los dominios de la noche hasta terminar en un luminoso amanecer. Björk, tal vez sin intención, compone la banda sonora perfecta para una película que será distinta en la cabeza de cada persona que se tenga la oportunidad de escuchar Medúlla. Al terminar con Unison en Vespertine y reconocerse al lado del ser amado, empieza ahora con Pleasure is all mine en un ejercicio de sensualidad que a la vez sirve de obertura a todo lo que sigue del disco.

En esta película proyectada como disco se oyen las primeras voces que hablan de un alejamiento, una discordancia entre dos personas que están juntas. Al llegar a Where is the line, Björk va hacia sus notas más agudas diciendo “I’m elastic”, mostrándose un tanto desesperada, sin embargo, la siguiente canción Vökuro entra a terrenos más calmados que se repiten en Öll Birtan constituyendo un puente escrito en islandés, que rompe de manera impresionante para dejar paso a la siguiente parte del disco.

Todo este viaje a través de un bosque nocturno continúa bajo el agua o a la orilla de un lago o de una pequeña bahía. Primero se pregunta en Who is it, qué es lo que la sostiene y la mantiene viva. En Submarine, Björk se cuestiona el camino a seguir hasta que descubre su Desired constellation. En un interludio del disco aparece Oceania, adornada por ese juego de voces que dan la idea de estar en medio de un río de peces que se desplazan por el mar. A partir de aquí entra la tercer secuencia del álbum – soundtrack al aparecer Sonnets/Unrealities XI.

Ancestors es una melodía perturbadora. No hay sonido que se pueda reconocer como parte de una palabra, pero constituye una experiencia que envuelve, que hiere, pero que de ninguna manera pasa inadvertida. El dueto (y el duelo de voz) que tiene con Tagaq, una cantante gutural inuit, vale la pena para ser escuchado una y otra vez y encontrar nuevos significados y sensaciones. Con solo un piano de fondo (tal vez único instrumento en todo el disco), Björk reafirma el reencuentro esperado en una canción que puede ser un beso, un abrazo, ambas o todo lo que los acompaña.

Mouth’s cradle no deja lugar a dudas de éste éxtasis con el otro. La búsqueda de la boca y su comparación con una cuna, un refugio para los amantes hacen de ésta una de las canciones más interesantes del disco. Un poco de música incidental aparece con Mikvikudags para finalizar en un cierre impresionante, con voces que juegan a ser cornetas, trompetas, flautas en medio del Triumph of a heart.

No es fácil realizar un álbum prácticamente a capella. Menos lo es sustituir los instrumentos con las voces. Sin embargo, el título describe muy bien la razón de estas decisiones: la música proviene de lo más profundo de cada persona y la manera natural de salir es través de la garganta en una canción, una palabra o un grito. Las hojas negras que constituyen el folleto que acompaña al disco reflejan esta búsqueda de lo profundo y lo nocturno. Si Vespertine era un disco para escucharse en una tarde lluviosa y fría, tomando un té caliente, Medúlla es para estar acompañado, en una noche calurosa donde el viento sopla para refrescar un poco.


jueves, septiembre 09, 2004

Comentario del día sobre intermitencias en el blog: Mi ida a Monterrey en agosto obedeció a la situación en la que me encuentro (y que ahora creo ha empeorado) en León. Tomé vacaciones porque ya no deseaba estar aquí y para ver si lo mejor era partir a otros destinos. Mi conclusión fue la de quedarme hasta el final en León, pero si una oportunidad surgía para abandonar la ciudad no la dejaría ir.

Al parecer ese momento ha llegado. Una semana después de haber regresado de Monterrey, como he mencionado, mi posición en León se ha vuelto más frágil. Ha surgido una oportunidad que puede concretarse en las próximas semanas para volver a vivir en Monterrey. En estas semanas he volteado a mi alrededor y me doy cuenta que ya no tengo nada que hacer aquí. El tiempo que pase de más en León es una especie de tiempo muerto, de una vida detenida, de esperar solo el momento justo para salir.

¿Sucederá?