domingo, noviembre 28, 2004

Comentario del día sobre otra semana que pasa:

- Tengo en mente algunas reseñas pero todavía no termino de crearlas en la cabeza. Además ha habido mucho trabajo, afortunadamente. Espero que el frío invernal en Regiolandia me inspire un poco.

- Este fin, sí señor, dos plantones dos. Una, el viernes, cortesía de Fer que se quedó dormido en su casa y yo tuve que hacer lo mismo en la mía. La segunda, el sábado, para una fiesta de cumpleaños: le llamo a la cumpleañera a las 3 de la tarde para que me diga qué plan para la noche y me dice que todavía no hay nada organizado y que me llama más tarde. Dan las once de la noche, le llamo a su casa y al celular y no contesta. Y se suponía que este era fin de semana para conocer gente.

- Un pavo real me está acosando en el justo momento de escribir este post. Yo creí que ya los habían encerrado para que el frío no los congelara.

- Compré Ginger è Fred de Fellini por solo 50 pesos en el Mix up. Matute habría estado feliz con la ganga.

- Ayer fui a Fundidora y en Cineteca hay una exposición fabulosa de Edwin Wurm. Lástima que no me sobran 100 euros para mandar una de las fotos que propone hacer dentro de la instalación.

- Escuché el nuevo disco de Duran Duran, el de Astronaut. Está excelente. El de How to dismantle an atomic bomb de U2 me gustó, sobre todo el track de City of blinding lights, sin embargo el disco en general no me pareció fabuloso. Al principio está muy flojo y al final se compone. Me pasó lo mismo (pero en cine) con Ararat de Atom Egoyan: después de la primera media hora creí que la película no iba a despegar pero terminó cerrando muy bien. Habrá que ver cómo está el presupuesto para fin de año, sobre todo por que vi Antics de Interpol en oferta.

- Reabrieron Garza Sada al fin. Es curioso, pero hay lugares, calles y rincones que forman parte de la vida de uno y cuando se transforman, algo dentro también lo hace. Me gustó como quedó, a pesar que mi calle haya quedado completamente destruida por las obras, pero a la vez da un poco de nostalgia el saber que la calle que uno conoció ya no será la misma.

domingo, noviembre 21, 2004

Comentario del día sobre la semana que pasó:

Algunos puntos sobre estos nuevos días en Monterrey:

- Los técnicos estuvieron a punto de fregarme uno de los equipos que tengo en el laboratorio. Valor: 100 000 dls. Mi tranquilidad: No tiene precio. No le pasó nada afortunadamente.

- Ya me acostumbré a que me estén ignorando. Ahora me divierte escuchar sus pláticas sin sentido y quejándose de los jefes. Si no les gusta el trabajo, que se larguen pienso yo. En fin, son regios, qué se les va a hacer.

- Contra todo pronóstico, no me he aventado al drama, ni mi depresión o melancolía ha alcanzado niveles preocupantes. Todo en su normalidad hamletiana.

- Super bacanal el viernes pasado, resultado: todos llorando por su vida sentimental en proceso de quiebra. Lecciones de la semana: Necesito conocer más gente, de manera urgente. Es una pena que en el Tec hayan bloqueado el acceso al chat.

- Este sábado pasé a las 3 de la mañana por el parque Tecnológico. Es increíble el nivel del ligue a esas horas: todo mundo dando vueltas o esperando en su carro a ver qué atrapa. Yo no me quedé pero como que me dieron ganas.

- ¿Alguien quiere hacer despensa con 200 pesos? Llevo dos semanas gastando eso o menos. También la puedo hacer de consultor financiero por lo que veo.

Advertencia: El siguiente comentario contiene pistas relevantes sobre el contenido de la película.

Dogville
(Dogville). Director: Lars von Trier (2003). País: Dinamarca - Suecia – Francia – Estados Unidos – Holanda.

Un pequeño pueblo en las Montañas Rocallosas. Una mujer que llega ahí perseguida, al parecer, por un grupo de mafiosos. Una ironía sobre la condición humana y un dardo lanzado a las bases de la moral occidental. Una obra que cuestiona, en primera instancia, a los Estados Unidos y de ahí a la humanidad entera. ¿Cómo conseguir esto con un escenario con líneas pintadas, un juego de luces y un grupo de actores? Lars von Trier logra, a partir de elementos mínimos, crear una de las primeras obras maestras del cine en el siglo XXI.

Von Trier lleva a escena esta cinta sugiriendo una pequeña aldea: no hay calles ni casas, solo una serie de trazos en el piso donde se encuentran escritos los nombres de las calles y de quienes habitan las casas dan una idea de su existencia. La gente simula abrir y cerrar puertas que no existen y cultivar flores en jardines que no se ven. Dividida en un prólogo y nueve capítulos, Dogville empieza presentando a sus habitantes: todos personas que apenas y sobreviven en los tiempos de la Depresión en Estados Unidos. ¿Qué puede entonces trastocar la paz y monotonía de un lugar olvidado como éste?

Semejando un cuento de hadas retorcido para adultos, y a veces, una comedia negra disfrazada de tragedia redentora, Dogville no es solamente contada al espectador por lo que sucede en escena, sino también hay un narrador que se encuentra presente a cada momento. Acota, limita, explica la escena, enseña, califica e interpreta las emociones de los personajes. Esto, aunado a la imagen que en ese momento es presentada, potencia un efecto de reconocimiento sobre la trama que la hace aún más contundente de lo que ya es.

Aun y a pesar de su pequeñez, en Dogville existe lugar para los idealismos. En una época donde el ánimo de la gente se encontraba por los suelos, un joven (Tom interpretado por Paul Bettany) desea levantar la moral de su pueblo. A pesar de creer que ve más allá de lo que sus vecinos hacen, Tom espera que un milagro caiga del cielo… lo cual se le cumple.

Grace (Nicole Kidman) llega a Dogville como una oportunidad dorada para las lecciones morales de Tom. Desde el nombre de la protagonista y su aparición se advierte la connotación religiosa de la historia presentada. Al pueblo de Dogville se le ha dado el bien de la gracia y tendrá que ver qué hacer con ella. No es algo con lo que puedan hacer frente de manera sencilla pues desde el principio habrá resistencias para aceptar a Grace en la villa.

Sin embargo, a pesar de la ya conocida historia de heroínas de Lars von Trier, Grace no es la representación de la bondad aparentemente desinteresada y que se sacrifica en aras de un fin superior. Aquí la caridad de Grace es pagada con la protección del pueblo de Dogville. A pesar de que en un principio nadie, en apariencia, necesita de la ayuda de Grace de pronto la gente se da cuenta que hay pequeñas tareas que ella puede hacer y aligerarles la vida. Sin embargo solo hasta el momento en que la ayuda de Grace se va haciendo indispensable, lo que antes no era una necesidad se convierte en obligación.

El trabajo de von Trier se agrupa en trilogías y ésta no es la excepción. Comenzando con Dogville, para seguir con Manderlay y Washington, von Trier creará este cuadro de aproximadamente 9 horas, con 3 ya exhibidas, titulado USA: Land of Opportunities. Crítica directa y sarcástica a los Estados Unidos, el contrato de Grace es un reflejo directo de este país que no cuenta con amigos sino que tiene intereses. El trabajo cotidiano de Grace, que al principio parece innecesario pero que nadie desea hacer y del que pronto se convierte en un recurso de abuso es simbólico del trabajo que millones de personas en Estados Unidos realiza permaneciendo en ese país de manera ilegal. Hay que recordar que Grace está en Dogville de manera ilícita, pues es buscada por la policía lo que hará que el precio de su tributo aumente a niveles esclavizantes.

Esta caricatura corrosiva queda grabada de manera indeleble en la escena de la celebración del 4 de julio. Una lluvia de flores, índice de los retratos hollywoodenses de unos Estados Unidos llenos de esperanza y oportunidad, enmarca esta festividad. Una mesa donde todo el pueblo está reunido festejando a su país y celebrando por la llegada de Grace protegida ya más allá de su prueba inicial. Pronto el retrato feliz, la familia americana se ve destruida y enseña su cara oculta, “presenta los dientes” como von Trier indica en el inicio de uno de sus capítulos. El recuerdo de que Grace es una fugitiva basta para que Dogville exija más garantías, y se vaya encima de quien era ensalzada segundos antes.

Sin embargo, el mensaje de Dogville no se limita a un simple examen de los Estados Unidos sino que se extiende a la humanidad entera. Los elementos que fertilizan las semillas de maldad presentes en cada ser humano empiezan a actuar y germinan dentro de los habitantes de Dogville. La lección moral de Tom empieza a ejercer sus efectos. La bondad y fragilidad aparentes de Grace se convierten en el caldo de cultivo ideal para que su carga de trabajo se duplique y sea constantemente reprendida, regañada y castigada. En el paroxismo del delirio obsesivo que invade a Dogville, Grace se ve violada individual y comunitariamente, además de encadenada a un peso para evitar su escape pues el pueblo que antes era su puerta de salida, se ha vuelto su jaula.

Enmarcada dentro del espíritu de limitaciones que implica el manifiesto Dogma 95 sin ser una película que se ajuste a las reglas de este escrito, pero sí a su esencia, Dogville es un ejemplo de lo que se puede conseguir con un manejo restringido, pero eficaz de la técnica cinematográfica. Von Trier recurre a su ya acostumbrada cámara en mano que alterna con cámara fija dentro de una fotografía granulosa y de tonalidad crepuscular. El juego de iluminación se convierte en un elemento que incide directamente sobre la trama: explica el significado de Glunen St, revela la ceguera del personaje interpretado por Ben Gazzara y en la secuencia final apunta a cada uno de los habitantes del Dogville como responsable del cataclismo por venir. Está presente también el recurso de superposición de fotografía que ya von Trier había intentado en Dancer in the dark, con el fin de agilizar la edición de la cinta. La panorámica inicial de Dogville, el reloj que marca la explotación incesante de Grace y la escena del toldo de la camioneta donde Grace intenta escapar son representativas de este artilugio. Por otra parte, el hecho de que las casas y calles estén únicamente sugeridas crean un efecto interesante en la escena en que Grace es violada por primera vez: el espectador puede “ver” a través de las paredes, sin embargo, los personajes dentro de la trama siguen caminando como sonámbulos, ciegos e ignorantes de lo que está sucediendo a unos metros de ellos.

Mención aparte requieren dos motivos visuales particulares de esta cinta: la manzana y las figurillas de porcelana. De manzanas, símbolo perenne del pecado, la discordia y la envidia en la iconografía occidental, es la cosecha que Chuck (Stellan Skarsgaard) recoge para vender en la ciudad y a la cual “fertiliza” abusando de Grace en los huertos. Apoyado en una creencia antigua, Chuck piensa que la lujuria favorece el crecimiento de la frutas con lo que aprovecha este cobro extra a Grace ya que él es el que menos convencido ha estado de la presencia de esta mujer en el pueblo. Las mismas manzanas que Grace ha “bendecido” con su “sacrificio” en el campo son las que la acompañan en su fallida huida, las que enmarcan otro abuso más pero ahora por parte del conductor de la única camioneta del pueblo, intepretado por Zeljko Ivanek. Grace dormida entre esas frutas después de comer una de ellas es la representación de una nueva Eva degradada, humillada, esclavizada por la maldad antes de probar siquiera el fruto.

Las figurillas de porcelana son la recompensa de Grace por su trabajo en el pueblo. En la época dorada de su presencia en Dogville son la materialización de su pago. En voz del narrador (y por lo tanto en lo que von Trier no quiere dejar lugar a dudas), es la representación de la unión de Grace con el pueblo. Cuando las mujeres de Dogville van a castigarla por su conducta “inmoral”, el mayor daño que le hacen es romper sus figurillas. La escena está cargada de un dolor intenso. Es difícil sustraerse del sufrimiento de Grace ante este rompimiento abrupto y definitivo de su contrato con Dogville. El inicio de su esclavitud y la posibilidad de su hundimiento y redención se ven marcadas por este motivo en el tiempo de la película.

Al final, solo queda el recurso de la destrucción. Von Trier lleva la trama al extremo: o Grace o Dogville. Esta disyuntiva es planteada en el personaje de Tom: después de las sucesivas violaciones a Grace, Tom en su papel de novio y con el fin de ofrecerle una última alternativa a su situación en Dogville (de nuevo la ironía: insinuar que la gracia necesita de una salvación, cuando ésta es la única que puede salvar), intenta ejercer sus derechos sexuales con Grace a lo que ella se niega. La decisión de que es Dogville quien debe salvarse según Tom se ve, nuevamente, fortalecida por un correcto manejo de cámara que muestra a este personaje solo, caminando por la nieve que brilla más que nunca y que no volverá a hacerlo en el resto de la cinta.

Tom desde el principio posee la llave de salida para Grace. Se comunica con los mafiosos que la estaban persiguiendo y Grace sin saberlo, presiente la escena final al decir que “nadie volverá a dormir aquí” en el momento de tender una cama. Grace es entregada encadenada, a lo que los gangsters responden sorprendidos y Tom solo logra articular que fue para evitar que se escapara. Es el preludio antes de que sea revelado el sentido último de la trama.

Grace se reencuentra con su padre (James Caan) quien es el jefe de la pandilla de maleantes que la estaba buscando. En una escena cargada de una significación religiosa profunda, su padre la reprende por que usa su bondad para demostrar su arrogancia. Arrogancia por haber nacido en una mejor cuna, tener una mejor educación, haber tenido más oportunidades en su vida que las de los habitantes de ese pueblo. Arrogancia porque su bondad no tenía mayor mérito, ya que ella en cierto sentido era superior a todo Dogville. El sacrificio de Grace queda entonces cuestionado en una metáfora de una hipotética discusión entre Dios Padre y Dios Hijo: ¿Cuál es el mérito del Hijo al morir en la cruz si a final de cuentas era un Dios en sí?, ¿acaso no era un mero trámite?, ¿no era su propio sacrificio posible debido a su superioridad intrínseca? Grace se encuentra ante esta misma posición.

Sin embargo tal superioridad trae consecuencias. El padre de Grace le conmina a usar el poder que tiene. Grace acepta y descarga esta posibilidad sobre Dogville. Se demuestra que al final el Dios terrible del Antiguo Testamento es el mismo que el Dios misericordioso del Nuevo. Ambos tienen el poder para dar y quitar la vida en el momento que se les antoje. Es aquí donde a la señal del Padre, el poder de Grace queda liberado para desencadenar un Apocalipsis en el pueblo de Dogville. Todos son asesinados y von Trier aprovecha para conseguir su efecto de despertar las semillas de odio en sus espectadores, al igual que en su pueblo: es inevitable disfrutar de la muerte de ancianos, inválidos y niños en este final catártico y al mismo momento recordar el sufrimiento que causó la ruptura de unas simples porcelanas.

El último en morir es Tom impresionado por la lección moral que Grace acaba de impartir al Dogville. Con su muerte se sella el hecho de que la voluntad del Hombre no es la voluntad de Dios. El concepto de salvación es completamente disímil para ambos. Von Trier termina de esta manera, por medio de Grace, una fábula moral de consecuencias terribles y devastadoras para sus personajes y sus espectadores ahora convertidos en parte de su película.

En el cierre de la trama de nuevo la invocación religiosa: el pueblo arde en llamas recordando al lago de fuego que estará prendido por toda la eternidad a donde fueron condenados los que rechazaron a Dios, en este caso, los que abusaron y rechazaron la Gracia. Al final, la ironía: el único sobreviviente es un perro, Moses, reflejo de los habitantes y de la humanidad entera, retratada como perros que responden ante la recompensa y el castigo y que solo de esta manera entran en razón. El pan y el circo si su comportamiento es bueno, el látigo y las cadenas si es el contrario.

Von Trier como epílogo cierra con fotografías pertenecientes al período de la Gran Depresión (con fondo de Young americans de David Bowie), recordando el objetivo inicial de sus dardos: los Estados Unidos. Finaliza sin prometer, pero obviamente insinuando la continuación de la primera parte de esta trilogía, que por sus recursos narrativos y técnicos, sus implicaciones y su efectos sobre la audiencia está llamada a ser una de las mejores cintas de todos los tiempos. Von Trier, con Dogville, demuestra ser el director más interesante actualmente y convertirse en una referencia obligada del cine en sus poco más de cien años de historia.


domingo, noviembre 14, 2004

Comentario del día sobre los vuelcos del destino: Supongo que mucha gente ya ni siquiera se aparece y otros han de haber creído que nunca más iba a volver a escribir por este medio. Ciertamente después de un episodio de saturación emocional y mental en León, me quedaban pocas ganas de seguir escribiendo. Aunque lo hice esporádicamente desde hace más de un mes había cesado toda actividad. En los últimos post se leerá acerca de la posibilidad de abandonar León y regresar a Monterrey. El día de hoy eso es una realidad.

Regresé a Monterrey el 3 de octubre, por lo que llevo algo más que un mes aquí. Como es costumbre, una serie de factores que por un momento parecían no conjuntarse se dieron para obtener el trabajo que estaba deseando y dejar el lugar en donde me encontraba en León. Mi actividad ahora me gusta mucho más, tengo oportunidad de aprender sobre el campo de trabajo que más me atrae. Sobre todo me permite seguir en este camino de exilios sucesivos que empecé hace ya más de seis años. El tiempo para permanecer aquí, si todo sale según lo planeado, será de dos años.

¿Por qué Monterrey? Simplemente porque de los lugares en los que he vivido (que no han sido muchos) es en el que me siento mejor. A pesar de los buenos momentos y amistades que formé en León, me sentía en una especie de encierro. No podía tocar una hoja, porque movía a todo el árbol. En Monterrey recupero un virtual anonimato, mientras que en León cada paso en falso podía ser peligroso. He vuelto al juego que ya sé jugar, pero en otro rol.

Disfruto mucho esta ciudad. A pesar de su clima catastrófico y de que su gente no es la más abierta o amable del mundo, la encuentro soportable. Cinco años previos de haber vivido aquí me hacen sentirme más en control de mi vida. Además ahora soy independiente. Todo lo que haga corre por mi cuenta.

He provocado un terremoto en mis estructuras. Decidí romper con lo que estaba viviendo a pesar que emocionalmente mi situación era estable, pero económica y laboralmente se tambaleaba. Me vine a un trabajo que originalmente no iba a serme ofrecido y por el cual en la compañía donde estoy surgieron descontentos. Actualmente varios de mis compañeros de mi trabajo se la pasan ignorándome. ¿Me afecta? No. Yo no les reporto a ellos y mi relación en el trabajo con ellos es meramente incidental. No he tenido por costumbre el caerle bien a la mayoría de la gente.

He cerrrado un ciclo en mi vida y he abierto otro como un experimento con variables que pueden salirse de control con facilidad. Especialmente la que se refiere a sostener mi vida aquí. Monterrey de por sí es una ciudad cara, si todavía se vuelve más cara no sé que voy a hacer. Sin embargo creo que puedo manejar las contingencias. Asimismo este experimento tiene fechas para terminarse. Es solo un peldaño para ir más allá, para, ahora sí, romper con todo lo anteriormente conocido: Xalapa, Veracruz, León, Ciudad de México, Monterrey y entrar a comenzar desde cero, en otro lugar, en otro mundo. Es parte de mi búsqueda interior.

Estar aquí implica retomar elementos que estuvieron presentes en mi pasado reciente, pero ahora con un distinto orden en función de mi condición distinta aquí. No soy más un estudiante, a pesar que ahora viva enfrente del Tec (incluso más cerca que cuando estudiaba aquí). Implica reforzar posiciones, llevar un trabajo de diferenciación y reevaluar lo que en algún momento fue y lo que es ahora. Es como ponerme al día en versión en vivo, pues aunque nunca me mantuve desconectado de la realidad de acá no es lo mismo observarla a distancia que estar en ella. En general, pareciera que nunca me fui. Mucho permanece sin cambio. El cambio más visible y que veo todos los días es la reconstrucción de la avenida Garza Sada. Incluso a veces en la noche me despiertan los ruidos de la obra.

Sin embargo no son esos cambios físicos los que más afectan, sino los presentados en las personas con las que mi vida se desarrolló aquí. Muchos ya no están, otros están a punto de irse y los que quedan han empezado a jugar nuevos roles. Tal vez la excepción sea Pável con quien aunque pasen los años pareciera que tuviéramos vidas de habernos conocido. Mónica se ha convertido en mi nueva confidente y todos los fines de semana nos vemos para contarnos los chismes de la semana. A quienes conozco desde la carrera seguimos más o menos igual, incluso, irónicamente creo que teníamos más comunicación cuando vivía en León que ahora. Paco ya se gradúa y sí me da algo de nostalgia. Incluso hace unos días sentí un dejo de melancolía al darme cuenta de que solo faltaba un mes para que los exámenes terminaran en la escuela. Y eso implica nuevos adioses y nuevas despedidas. Estoy empezando a acostumbrarme.

Con respecto a Sergio que podría llamarse el tema más delicado al día de hoy, las posiciones iniciales en este período de alrededor de 20 meses en Monterrey han empezado a definirse. Desde hace algunos meses él se encuentra con otra persona. Ayer organizó una fiesta en su casa y yo no me sentía preparado para ver esta nueva realidad, sin embargo fui y lo conocí. Lo mejor de todo es que Sergio está con el chavo con el que necesita estar ahora. Me da gusto de haber visto eso por mis propios ojos. Me doy cuenta que ya no conversamos como antes y que él está en un lado y yo estoy en otro, muy distinto y muy distante. Es curioso no percatarse cuando un precipicio se ha abierto delante de uno hasta que sientes que los pies no se sostienen. Mi recuerdo demostró ser solo un recuerdo. Tal vez sea el punto culminante de un proceso iniciado en marzo donde empezamos a hacer presentes las diferencias irreconciliables entre mi impresión y su impresión de los momentos en que nuestras vidas se habían intersectado hace dos años. Parafraseando al engaño colorido del que habla Sor Juana me doy cuenta que en este caso mi recuerdo es cadáver, es polvo, es ceniza, es nada. Soy libre de mi propia prisión al darme cuenta que ya no existe más (y tal vez pensar que nunca existió).

Vivo solo en un cuarto pequeño pero agradable y que no es frío en este invierno. Eso me da oportunidad de estar conmigo y reflexionar más acerca de esta nueva vida con la que estoy fascinado. Caminaré como dice Duran Duran (en una rola que ya he puesto aquí creo en otra ocasión, pero ahora vuelve a aplicar) a través de este mundo ordinario:

But I won't cry for yesterday
there's an ordinary world
Somehow I have to find
and as I try to make my way
to the ordinary world
I will learn to survive