lunes, septiembre 26, 2005

Comentario recapitulador del día: Esto de dejar de postear cuando se tiene mucho en la cabeza por escribir y que no sale no es conveniente. Por lo pronto continúa mi recuento:

Escena no. 2:
Se desarrolla en Gemelos Tec, una tarde de sábado. En la cinta el tiempo es 1945 en los últimos días del Tercer Reich.

La dificultad del retrato: Berlín. Abril 1945. Hitler. El ejército soviético. Los protagonistas en escena y el personaje testigo. El reto de escenificar sin caer en la tentación del lugar común, de la imagen prefabricada. Poner en escena, como diría Truffaut.

Der Untergang (La caída) de Oliver Hirschbiegel intenta (re)construir esos últimos momentos del Tercer Reich. Apoyada tanto en un estudio histórico de Joachim Fest como la descripción de esos instantes por Traudl Junge, secretaria de Hitler, la cinta se convierte en un fresco donde el Führer es una pieza importante mas no única. El filme además abandona el espacio cerrado del búnker para tomar en cuenta lo que sucedía afuera, con la población berlinesa anónima atrapada entre el fuego del ejército soviético como de los últimos coletazos del régimen nazi. Esa es la gran virtud de la película: su mirada amplia, detallada, sincronizada a un evento colectivo renunciando a la solución fácil que hubiese implicado ser "la película de los últimos días de Hitler" como erróneamente se le ha calificado.

Hirschbiegel desea abarcar todo lo que le sea posible considerando las restricciones de tiempo que le impone el cine. Una segunda vista podría ayudar al espectador a identificar con mayor sencillez las caras y los nombres pero el impacto de la primera vez es suficiente como para captar los motivos medulares de la película. Sin embargo ahí están todos esos nombres protagonistas de la historia: Eva Braun, Goebbels, Speer, Himmler...

Hitler, interpretado por Bruno Ganz, no es humanizado simplemente por el hecho que no es necesario hacerlo. En un sentido amplio era una persona como cualquier otra, pero la iconografía de la segunda mitad del siglo XX lo ha colocado como una máquina de maldad, una especie de ente mecanizado y asesino. Ganz lo que hace es colocar al personaje en la dimensión que las circunstancias le permiten. En su Hitler cabe el enorgullecimiento de haber librado a Alemania de los judíos, como del hombre atacado por el Parkinson, destrozado por la desesperación o incluso el tipo cortés que puede dictarle tranquilamente a su secretaria.

Si hay algo que me fascina en una película de corte bélico es la creación del estado de sitio. En Der Untergang los elementos para esto se encuentran puestos sobre la mesa: el encierro que termina pasando de ser una especie de vacación a la única posibilidad de seguir existiendo (véase la escena de la fiesta de Eva Braun); la confianza que se torna en desesperación, la incertidumbre y la duda de cómo se dará el desenlace. Al término, en una orgía de muertes y suicidios la cinta termina por resolverse en una serie de finales que asemejan a un ritual de sectarios enamorados de su líder y su concepción del mundo. Las palabras de Magda Goebbels son sumamente aclaradoras en este sentido: "no tiene caso vivir en un mundo donde el Reich no exista más".

José María Perez-Gay se aventó una serie de artículos muy interesantes sobre el contexto que rodea a la película y cómo ésta acierta en retratarlo. Se pueden leer en La Jornada en las ediciones del 12 al 15 de septiembre. Mientras tanto aprovechen para verla porque tal vez sea la última semana que la película se exhibe en Monterrey.

Continuará con...

Entremés: De lo sucedido en un camión Ruta 1 (San Nicolás - Tecnológico) repleto de adolescentes fanáticos de Rayados, de su paso por la colonia Independencia y demás vicisitudes del recorrido.

Sin embargo antes escribo dos frases, dos, revelatorias del fin de semana pasado:

"No en esta década"

"Es el destino"

martes, septiembre 20, 2005

Comentario misceláneo del día:

- Se me hace muy extraño decir felicidades a una ciudad en su cumpleaños pero algo similar debe decirse en esta ocasión. Más cuando ya se han llegado a los 409 años. Así que simplemente diré: ¡¡¡muchas felicidades Monterrey!!

- Estoy sufriendo una de mis crisis de sueño que me dan en el año. Mi horario de vigilia comienza a partir de las 5 de la tarde a las 2 de la mañana. Luego sueño intermitente, poco relajante y descanso escaso. A las 6 AM debe interrumpirse necesariamente para ir al trabajo. De ahí el día entero hasta las 4 PM me la paso cabeceando. De 6 a 7 PM vuelvo a caer dormido mientras regreso a casa. Al llegar el fin de semana solo tengo ganas de dormir. Así como me da esto, se va, pero mientras tanto no me queda de otra más que aguantarlo. ¿No habría manera de abolir el sueño para que dejara de darnos tantos dolores de cabeza?

- Lo peor: la TV conspira contra mí los martes. A las 10:30 están las Desperate Housewives, para seguir luego con Sex and the City. Hoy descubrí que pasan Six feet under a la media noche en el 5 y van a la mitad de la primera temporada, justo donde me quedé cuando la empecé a ver hace varios años. Esta programación nada más no ayuda.

- El fin de semana me di tiempo para cocinar. Hubo mole, un guisado de nopales y elotes que me inventé y agua de jamaica (preparada con flores, no con saborizante). En lo único que sí me ahorré la chamba fue con los frijoles cortesía de La Sierra. Según los comentarios el mole estuvo delicioso. Es la primera vez que lo hago y eso me vuelve a comprobar que las recetas de mi madre no fallan.

- Ayer 19 de septiembre me acordé de esa mañana en Xalapa cuando el temblor me despertó. Nunca se me olvidará el globo de latón que había en el techo de mi cuarto bamboléandose sin ton ni son. Un año después mi papá me llevó de viaje a la ciudad de México. Todavía había muchos edificios en ruinas, dañados o esperando caer en cualquier momento. Para quienes nacimos en 1980 y años circundantes fue la primera vez que nos dimos cuenta cómo una multitud de personas podía morir a la vez.

- Todavía no termino mi post sobre Der Untergang (La caída) de Oliver Hirschbiegel. Mañana es miércoles así que aprovechen a verla. Pocas películas logran tener éxito al transmitir la sensación de un estado de sitio. Ésta es una de ellas.

domingo, septiembre 18, 2005

Comentario del día para retornar: Tal y como estaba anunciado comienzo con el recuento de estas varias semanas de ausencia. Había estado posteando frecuentemente durante 5 meses así que hacía falta un descanso. Comienzo:

Escena no. 1: Se desarrolla en las instalaciones del Parque Fundidora. De manera más específica dentro de Cineteca en la sala 2. Tarde calurosa de finales de agosto.

Ahora que en Monterrey hemos estado viviendo una especie de fiebre por el cine en agosto con dos festivales que suceden solo con una semana de diferencia, exhiben películas similares y tienen nombres parecidos, con programas completos conseguibles solo horas antes de las inauguraciones. Público en número moderado. Como dijo García Tsao hoy en La Jornada, la gente que asiste a ver cine con otra propuesta distinta a las películas que ocupan 5 salas rondan arriba de los cuarenta años. Hace 4 - 5 años se acabó la época en que quienes ocupaban la mayor parte de los lugares estaban por los veintes.

Me aparecí en el último día del Fórum (que todo mundo terminaba llamando Festival, nombre perteneciente al evento de la semana anterior) solo porque casualmente vi en El Norte que iba a estar Bille August presentando su nueva película. La verdad no he visto nunca una película de August completa. A lo mucho fragmentos de Pelle erobreren (Pelle el conquistador) en alguna noche lejana a la hora del cineclub del 4+, los sábados a la media noche. Mi interés en conocerlo deriva de otra obsesión: en 1992 dirigió Den goda viljan (Con las mejores intenciones) con guión de Ingmar Bergman. Es más, Bergman lo escogió para que filmara la película. Conocer a August era solo un pretexto para estar imaginariamente solo a unos pasos de Bergman.

El filme en cuestión ese día era Return to sender (Revelación al amanecer). Es la historia de un tipo (Aidan Quinn) que hace negocio con cartas de condenados a muerte que curiosamente logran tener un alto grado de confianza con él. La remitente (Connie Nielsen) es protagonista del caso del siglo en su estado y todo mundo aguarda al momento de su ejecución. La película no es nada del otro mundo. Bordea los temas clásicos del género de reos ejecutables, con un acusado que, o es culpable y ya se arrepintió, o siempre fue inocente. Los afectados por el crimen tienen la vida destruida y solo quieren que se les haga justicia y el público desea ver sangre y alguien a quién colgar como trofeo de exhibición para tranquilizar sus conciencias. Obviamente todo esto solo puede suceder en Estados Unidos. En otras latitudes tal circo sería más improbable.

Como 2 + 2 = 4, él se enamora de ella. Él además tiene una motivación para su oficio que a primera vista parece deleznable. Al final los dos se embarcan en una aventura para salvarse ambos. Hay que buscar en el pasado (todas las respuestas se encuentran ahí en este tipo de cintas) y por último, él tiene que resolver en cuestión de días lo que abogados, investigadores y fiscales no pudieron hacer en meses o años. Los últimos quince minutos de la cinta están consagrados a una cadena de prodigios. Al menos hay que agradecer a August el ahorrarnos la melcocha al final: no hay beso, ni el "siempre te amaré" ni ninguna cursilería de por medio. Solo se nos insinúa y de manera muy ligera.

Quien no crea en los milagros es porque no es guionista. Neal Purvis y Robert Wade deben ser personas con una fe muy grande.

Escena no. 2: Se desarrolla en Gemelos Tec, una tarde de sábado. En la cinta el tiempo es 1944 en los últimos días del Tercer Reich.

Detalles posteriormente...


miércoles, septiembre 14, 2005

Post número 400: Agotamiento crónico. Dolor de espalda, piernas y el alma si existiera.
Boigen ya regresó y me está regañando porque no me duermo.

Actualizaciones aprovechando el puente. Que de algo sirvan los berrinches de Hidalgo.