jueves, diciembre 29, 2005

Top 18 - 2005

Como cada año, acostumbro enlistar las películas que según mi opinión fueron las mejores. No están en ningún orden en particular, a excepción de las primeras dos. Tenía la intención de escoger veinte pero las últimas dos que iba a poner no me dejaron muy convencido y lo dejé en dieciocho. Todas ellas forman parte de lo que pude ver en la cartelera en Monterrey:

1. Vozvrashcheniye (El regreso) de Andrei Zvyagintsev (Rusia). Con esta ópera prima que causó sorpresa en Venecia hace dos años, Zvyagintsev relata la historia de un par de preadolescentes que se ven confrontados con la llegada de su padre a quien no han visto durante años. La mayor parte de la película se desarrolla con estos tres personajes quienes comenzarán una búsqueda sin saber qué es lo que van a encontrar. Escenas filmadas con gran belleza, un argumento que engaña al espectador para que al final se revele la esencia del filme y una dirección contundente crearon lo que para mí es la mejor película que he visto este año.

2. Vera Drake (El secreto de Vera Drake) de Mike Leigh (Reino Unido). Leigh regala una nueva obra maestra con esta cinta sobre el drama de un ama de casa que ayuda a mujeres en problemas (como ella misma dice). La estructura del filme es muy interesante: una escena de Vera alternada con otra protagonizada por un miembro de su familia. Cuando las escenas de Vera y la familia coinciden, el conflicto estalla. La actuación de Imelda Staunton es impecable, amalgamada con su personaje. Es de esas cintas que tocan lo perfecto.

3. Whisky de Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll (Uruguay). Con solo tres personajes y dos escenarios (una fábrica y un hotel de recreo), Rebella y Stoll hacen una película ampliamente disfrutable y con personajes entrañables, bordados de manera fina y delineados a mano. Comedia a la Kaurismäki que nos invita a sonreir de manera ligera como cuando nos toman una fotografía diciendo "Whisky".

4. Gegen die Wand (Contra la pared) de Fatih Akin (Alemania). Historia de amor posmoderna, Gegen die Wand muestra las posibilidades del romance entre dos personajes en la búsqueda de su identidad. Es una película iluminada por fuegos artificiales rojos llenos de pasión y sangre. Las tomas y el coro en Estambul son inolvidables. Akin se convierte en cineasta a seguir de cerca en el futuro.

5. Bom yeoreum gaeul gyeoul geurigo bom (Las estaciones de la vida) de Kim Ki-duk (Corea del Sur). No cabe duda de la prodigalidad del cinema asiático en este año. La cinta recorre la vida del protagonista enmarcada en el curso de las estaciones. Kim establece un círculo de redención en el que el personaje - héroe se ve confrontado ante la maldad y luego la oportunidad de volver a empezar. Es la historia del hijo pródigo recreada en la sabiduría zen mostrando la posibilidad del volver a crear, del regreso, de la síntesis final.

6. Babi léto (Por siempre joven) de Vladimir Michálek (República Checa). Un hombre ha llegado a su vejez y se dedica a inventar historias acerca de él. Tiene un amigo que lo apoya en el curso de sus "travesuras" pero una mujer que siempre está pensando en economizar para poder tener un mañana. Es de esas películas que te dicen "disfruta lo que tienes hoy, no te preocupes por lo que venga después" sin caer en cursilerías. La sonrisa que me produjo no se me quitó en días.

7. Mar adentro de Alejandro Amenábar (España). Un melodrama en todo el sentido de la palabra. Amenábar sigue demostrando cómo cambiar de género entre cinta y cinta y aún así moverse como pez en el agua. Qué decir de Javier Bardem quien se lleva la película de inicio a fin pero también de todo el elenco que logra dibujarse tremendamente bien. Una cinta que fácilmente pudo haberse convertido en un panfleto pro eutanasia en manos de Amenábar es un retrato y una reflexión acerca del tema.

8. Der Untergang (La caída) de Oliver Hirschbiegel (Alemania). No solo es la cinta sobre los últimos días de Hitler como fue publicitada sino sobre todo el ambiente que rodeó a la caída final de Berlín. Si bien la película se arma alrededor de Hitler y su secretaria en esos días, estos solo son desencadenadores de la acción de las demás situaciones y personajes. Hirschbiegel sabe cómo darle a cada uno su espacio, dejarlos que se desarrollen en este ambiente encerrado para que de su defensa se convierta en su tumba. Era una parte de la historia que el cine no había contado y sobre todo que gente de Alemania se atrevió a poner en pantalla. Ya era hora de ver algo más que el Hitler monstruoso de la iconografía gringa.

9. Notre musique (Nuestra música) de Jean-Luc Godard (Suiza - Francia). Cuando parecía que Godard se había resignado a una especie de semiretiro, llegaron este año Elogio del amor (Eloge d'amour) y Notre musique. Preferí escoger Notre musique debido a que es una película con ideas mejor ensambladas que la anterior. Además Godard entrega una reflexión sobre lo que es el cine, sobre el valor y la interpretación de la imagen. La imagen del foco iluminando la oscuridad mientras Godard dice que el cine debe iluminar y ser nuestra música es un momento inolvidable en pantalla.

10. Chihwaseon (Pinceladas de fuego) de Im Kwon-taek (Corea del Sur). Si Godard dice que el cine debe iluminar qué mejor definición se puede aplicar a esta cinta de Im sobre la vida del pintor Oh Won. Las imágenes escogidas y creadas son como pinturas que van acompañando la vida tormentosa del artista. La escena del orgasmo con la prostituta es bellísima, dolorosa, impresionante. Poesía visual llana.

11. Un long dimanche de fiançailles (Amor eterno) de Jean-Pierre Jeunet (Francia). Probablemente los fans de Amélie quedaron un poco decepcionados con esta nueva cinta de la mancuerna Jeunet - Tautou. La complejidad del guión y la multiplicidad de personajes pueden causar confusión. Sin embargo se trata de un filme muy bien logrado, con una historia de amor grandiosa y sobre todo una creación de atmósferas admirable. Jeunet consigue hacer una especie de mundo barroco-mecánico el ambiente de la Primera Guerra Mundial. No hay nada que sobre en pantalla aunque por momentos lo parezca. Es de esas cintas que merece una segunda vista para poder aprovecharse en toda su extensión.

12. Sideways (Entre copas) de Alexander Payne (Estados Unidos). No cabe duda que Payne es de los mejores directores que tendrá el cine norteamericano a inicios de este siglo. Su estilo de comedia agridulce no hace más que mejorarse y pulirse en cada entrega y este año Sideways lo demuestra. Unos días de vacaciones entre un par de amigos, uno de ellos a punto de casarse y el otro conocedor de vinos y no con tanta suerte en el amor. Cada uno enmedio de botellas de Pinot Noir irá descubriéndose, desnudándose, dejando sus temores expuestos. Gracias Paul Giamatti por ser ese fenomenal Miles.

13. Million dollar baby (Golpes del destino) de Clint Eastwood (Estados Unidos). Qué se puede decir del señor Eastwood: leyenda del spaghetti western, galán rudo y director como pocos de la tradición clásica norteamericana. Cómo no emocionarse con esos personajes tan bien delineados que logra crear en esta película. Cómo no sufrir en las peleas que Maggie (Hillary Swank) libraba en el ring. Cómo no entender la tragedia y el pasado que cada uno de los outcasts de este reparto poseen. Probablemente junto con The bridges of Madison County (Los puentes de Madison) la mejor película de Eastwood.

14. The aviator (El aviador) de Martin Scorsese (Estados Unidos). Otro clásico norteamericano, Scorsese crea una cinta grandilocuente tal como su protagonista. Di Caprio como Howard Hughes logra hacerlo, a pesar de quienes creen que este muchacho no tiene nada de tablas. La obsesión de Hughes queda bien retratada en pantalla sobre todo en esos momentos cuando está peleando contra los aviones de la pantalla de cine o cuando Scorsese recrea las escenas acrobáticas de Hell's Angels.

15. El perro de Carlos Sorin (Argentina). Continuando la línea de sus Historias Mínimas, este año Sorin ofrece El perro como viaje a los horizontes de la Patagonia. Un hombre en sus cincuentas y desempleado por obra de la casualidad se convierte en un criador de perros para exposición. Una historia sencilla, bien llevada y enternecedora.

16. A history of violence (Una historia violenta) de David Cronenberg (Canadá - Estados Unidos). Dicen que esta película es Cronenberg en versión light. Si bien no posee la densidad de un Spider, la cinta contiene esa obsesión del director por la alienación de las personas. Actuaciones fabulosas de Viggo Mortensen y Maria Bello junto con las infaltables imágenes perturbadoras (la escena de la escalera) marca Cronenberg son suficientes para que la considere en mi lista.

17. Lakposhta hâm parvaz mikonand (Las tortugas pueden volar) de Bahman Ghobadi (Irak). No sé que tienen las películas hechas con actores no profesionales, enmedio de un conflicto bélico y que este de preferencia se localice en Medio Oriente. Si en años pasados Kandahar, Baran, Le cerf-volant (El papalote) y Osama han demostrado que la fórmula funciona, este año Las tortugas... llevan la tragedia a un campo minado, con niños que controlan el mercado negro y la recolección de minas. Sus mayores virtudes son las de poseer personajes que se vuelven entrañables mientras avanza la cinta y un final terrible pero esperado dadas las circunstancias.

18. Oldboy (Cinco días para vengarse) de Park Chan-wook (Corea del Sur). Una película sobre la venganza hecha con huevos. Así es. Nada de telenovelas de Televisa disfrazadas, como Kill Bill. En Oldboy la venganza es sangrienta, demoledora, sin piedad alguna. El villano de la cinta no se guía por berrinches sino por motivos poderosos para desencadenar acciones implacables. No le desearía a nadie estar en los zapatos del protagonista.

martes, diciembre 27, 2005

Uno, dos, tres... ¡¡¡¡catorce!!!!

Viendo los tumultos que habían causado las ventas de boletos para U2 en la ciudad de México decidí irme muy temprano a conseguir uno el 19 de diciembre, fecha señalada para las entradas en el Tecnológico. Ya estaban programadas para el miércoles anterior pero resultó que la administración del estadio Universitario dijo que "siempre no". Yo por lo pronto a las 5:30 AM me aposté afuera del Mixup del centro. Ya había cola: fui el número 58 en la espera. Obviamente ese día no iba ir a trabajar.

Había gente sentada desde la tarde del día anterior. El primero de la fila se llevó un marcador y un cuaderno para tomar lista a los que fueran llegando. Así conseguí mi 58 pintado en la mano izquierda y luego mostrado orgullosamente en el noticiero de María Julia. Eso lo supe porque cuando llegué a la casa después de comprar los boletos encendí la tele y estaba justo ahí. Como yo sé que la gente en mi trabajo a esa hora no ve la tele respiré aliviado, aunque ya muchos sabían que me había ido de pinta. Incluso uno ya me ofreció pagar una entrada en caso que no la utilice.

El frío estaba terrible a esa hora. Por fortuna me compré un chocolate caliente en el Seven de Morelos que me permitió aguantar a medias. Entre la llovizna y los 9 grados en la madrugada mis pies sufrían, además de estar parado. A las ocho llegaron los de Ticketmaster a poner las pulseras para controlar la fila y exactamente a las 11 dejaron pasar a los primeros. Yo pude entrar apenas pasando las 12 y media.

Mi mamá estuvo pegada del internet a ver si me podía conseguir boletos pero el sistema estaba caído y Mónica andaba en las mismas. Ella decidió tirar la toalla antes de tiempo así que ya estaba resignada a quedarse sin lugar. Yo mientras estaba feliz con mis boletos en mano. Sin embargo no me gustó el hecho que los vendieran sin mapa y que ninguno fuera numerado. Así que habrá que hacer cola el 12 de febrero otra vez para agarrar un buen lugar.

Llegué a casa y traté de entrar a la página para comprar otro para de boletos (los de Mónica) con otra tarjeta. Mientras era balconeado en el canal 12 pude acceder al sistema y comprar los boletos faltantes. Si me hubiese ido del Mixup al trabajo no los hubiera encontrado ni de chiste.

Lo bueno es que el concierto será a unas cuadras de mi casa. Incluso si no conseguía boletos con abrir las ventanas los iba a poder escuchar. Solo espero que no haga frío ni llueva. Y si no, un poco de Elevation mezclado con Vertigo se me quitará.

El 12 de febrero tacharé de mi lista uno de esos pendientes que solo se resuelven mientras pasen los años.

jueves, diciembre 15, 2005

Cuando Brokeback mountain nos alcance

Esta semana fueron anunciadas las nominaciones a los Globos de Oro y una de las mayores incógnitas era si Brokeback mountain, la nueva película del maestro Ang Lee iba a ser tomada en cuenta. Precedida de una acogida estupenda en el pasado Festival de Venecia (junto con su más cercana competidora Good night and good luck de George Clooney), Brokeback mountain parece tener ingredientes óptimos para una entrega de premios gringa: es un western producido en una década caracterizada por el retro y el refrito, está dirigida por uno de los realizadores más respetados dentro y fuera de Hollywood, tiene a dos estrellas jóvenes en ascenso y por supuesto, hay una historia romántica en ella. Sin embargo tiene un pequeño detalle: quienes se enamoran son los papeles masculinos en la cinta. Es la película de los cowboys gays, como ya se le conoce.

El lunes en El Norte la columna de Fricasé "El Abogado del Pueblo" se tituló Ahora, 'los Cowgays'. Yo entiendo el hecho que al señor no le agraden las personas con orientación homosexual y no esté de acuerdo con ellas. Cuando no quedan los zapatos, ni con calzador entran. Sin embargo sus argumentos demuestran una serie de ideas francamente absurdas acerca de la condición homosexual, sus manifestaciones y su valoración en el siglo XXI.

Fricasé señala que la homosexualidad es una moda o tendencia que se importa de otros lados, ajena a la mexicanidad y nuestra identidad nacional. Expresa su preocupación ante el hecho que los cineastas de este país después de ver destruido al icono viril norteamericano hagan lo propio con el charro mexicano (Pedro Infante, líbranos del mal). Su indignación aumenta cuando se percata que un mexicano (Rodrigo Prieto, fotógrafo) ha participado en la creación de esta "apología abierta del homosexualismo" como le ha denominado.

El señor abogado piensa que esta "es una invitación abierta" a volverse gay, jota, loca, maricón y demás denominaciones. Forzado a aceptar esta "desviación de conducta sexual", Fricasé llama a boicotear la película de Lee para desestimular a aquellos que desean implantar costumbres "que atentan contra la tradicional integración social y la naturaleza misma". Cualquier persona es libre de ir al cine a ver lo que se le pegue la gana. Lo que no es aceptable es la pobreza de las razones que se esgrimen para desincentivar una conducta.

La homosexualidad no es una moda, es una preferencia. Actualmente ha habido una mayor apertura al tema y más bien lo que está de moda es tener un amigo homosexual, salir a un antro gay, volverse metrosexual para depilarse el cuerpo y ponerse cremas entre algunas otras conductas en boga. Sin embargo eso no quiere decir que la gente se quiera acostar con alguien de su mismo sexo porque los medios la han estado bombardeando con esa publicidad. De ser así entonces no habría homosexuales: la gran mayoría de los programas de televisión, los comerciales y películas siguen estando orientados a parejas heterosexuales y llenas de valores tradicionales mexicanos, gracias a la Virgencita.

Considerar que ser homosexual es algo connatural a la humanidad caucásica y que va en contra de nuestra sacra identidad nacional es un disparate. Es una falacia similar a la que atribuye el avance de las creencias evangélicas en México a una conspiración estadounidense para apoderarse de nuestro país. Si fuera el caso, entonces no existirían lugares como Texas que penaliza la sodomía o un presidente que llama a reformar la Constitución para impedir que los homosexuales puedan casarse.

Parte del vocabulario nacional es la connotación del número 41 como referencia a la homosexualidad. Monsivais publicó un artículo sobre este tema hace unos 4 años en Letras Libres. Se cuenta que a principios del siglo XX hubo una fiesta clandestina en la ciudad de México donde la concurrencia era completamente masculina. De alguna manera hubo una redada y detuvieron a estos protogays del México porfiriano. Cuál sería la sorpresa al encontrar al yerno presidencial en la pachanga. El parte oficial diría que fueron 40 los detenidos sin mencionar obviamente al pariente político de don Porfirio. Obviamente el rumor no tardaría en esparcirse y el número 41 adquiriría su muy mexicano significado.

En aquellos tiempos no creo que las apologías a la homosexualidad hayan sido abundantes. Restando el dandismo imperante a finales del siglo XIX en Europa y el escándalo Wilde - Bossie en Inglaterra, supongo que no había más invitaciones extranjerizantes a estilos de vida alternativos. Tal vez se les haya ocurrido la fiesta al leer "El banquete" de Platón o dado el afrancesamiento de la sociedad en aquella época consiguieron algunas ediciones originales de Rimbaud y Verlaine. Esas influencias pudieron hacer merma en aquella monolítica tradición mexicana. Afortunadamente llegó Allá en el rancho grande y filmes subsecuentes para rescatarnos de la invasión jotencialmente barbárica. Ups, pero ¿y dónde quedó Salvador Novo?

No, señor Fricasé. Esto no se trata de modas, como si fuera una camisa de temporada primavera - verano. Tampoco es de identidad nacional porque en este país ha existido gente gay desde antes que usted tuviera conciencia. Si no quiere ver Brokeback mountain, no vaya o hágalo para que se informe mejor sobre la película. Eso sí, búsquese mejores argumentos. La conspiración internacional para destruir la identidad mexicana es un pretexto muy barato.