lunes, enero 16, 2006

¡Felicidades, Ang Lee!

Nada más que decir, solo seguir esperando el estreno de Brokeback mountain.

jueves, enero 12, 2006

Las vueltas del citrillo

Felipe Cazals regresa a los terrenos de la ficción y de qué manera. Las vueltas del citrillo representa una propuesta interesante, bien modulada, equilibrada entre el humor y la reflexión, el chacoteo y el drama personal. Pareciera que una cinta costumbrista el día de hoy pertenecería a un género sin muchas posibilidades narrativas. Por el contrario, es en la riqueza del lenguaje tanto en el que hablan los personajes como el de las propias imágenes donde esta película tiene sus mayores virtudes.

Utilizando el habla popular del México de hace cien años, Cazals coloca a sus personajes en una borrachera total dentro de una pulquería. Si al principio el espectador podría verse en dificultades al tratar de entender esas expresiones floridas, pronto el contexto y lo proyectado en pantalla ayudan a descifrar el diálogo. Hay que reconocer el mérito de Cazals en armar este guión tan abundante en refranes, dichos e inflexiones hoy caídas en desuso y hacer que sus actores se luzcan maravillosamente destilando rimas que lo mismo invitan a la risa y a la vez entrar a la reflexión interna del personaje. Hasta el personaje de la abuela muda está delineado para aparecer en los momentos indicados.

Cazals construye la cinta en dos mitades que pasan del jolgorio a la introspección. Si bien la cadencia inicial se pierde en aras de una ambientación más densa, ésta al final se convierte en lo mejor de todo el filme. La secuencia final es simplemente mágica, contundente y redondea el guión. Es la síntesis de un adiós sencillo pero la vez efectivo.

Enhorabuena a Felipe Cazals por agregar Las vueltas del citrillo a su filmografía que ya es un paso obligado en la cinematografía nacional.

lunes, enero 09, 2006

Cineteca, Conarte y la Ciudad del (Des)Conocimiento

Hace 7 años asisití a mi primera muestra de cine en Monterrey. Recuerdo que la primera película que vi en Cineteca fue Casablanca, en una edición remasterizada absolutamente sorprendente a tal grado que parecía la película recién salida del cuarto de revelado. En aquellos tiempos, Parque Fundidora era casi un terreno baldío sin iluminación y con fugas de agua en donde ahora hay pequeños canales. Pasando Cintermex eso se volvía un hoyo negro, abandonado, inhóspito.

Ahí empezaba a funcionar la Cineteca dentro de un antiguo taller de la Fundidora. Me impresioné enormemente al entrar a ese lugar rescatado y convertido en un lugar para disfrutar el cine. Creo que en esos días el boleto costaba 25 pesos. Llegar sí era algo complicado porque a cada rato cambiaban la entrada del parque debido a las remodelaciones que le estaban haciendo y que le darían su rostro actual. Aún así la gente no dejaba de ir: en algunas muestras de cine me tocó quedarme afuera de la función porque los boletos se habían agotados o tenía que hacer fila.

Aún y con el limitado presupuesto de estudiante me daba mis escapadas para no perderme las muestras, los foros y algunos programas sorpresas que se daban en el año. Recuerdo de manera especial ocasiones en las cuales la película solo estaba un solo día y había que estar atento al periódico para ver lo que se exhibía. Así pude ver The cook, the thief, his wife and her lover (El cocinero, el ladrón, su esposa y su amante) de Peter Greenaway y Hostsonaten (Sonata de otoño) de Ingmar Bergman.

Con el tiempo hubo una lista de correo en la que llegaba la programación del mes a quien estuviera interesado. A mí se me hace el medio más eficaz para quienes usamos a diario la computadora y queremos estar al tanto de eventos que nos interesan. Además es barato, funcional y la gente puede salirse cuando quiera (el Iguanas lleva años haciéndose promoción así). Inexplicablemente dejaron de llegar esos correos pero apareció la página de Conarte, que tenía la programación entera del mes aunque con algunas deficiencias. Sin embargo uno se podía enterar de la mayoría de las proyecciones a exhibir.

En estos últimos días dado que toda la gente de Conarte salió de vacaciones, la página estuvo en un limbo similar al del Parque Fundidora en 1999. Hace solo un par de días me encontré que estaba empezando a funcionar y que había un anuncio de la XLVI Muestra Internacional de Cine. Entré y vi el listado de películas. Se supone que la muestra arranca este martes 10 y en el documento descargable no se detallan horarios de cada una de las cintas sino solo el día que van a estar.

De unos tres meses a la fecha, en Cineteca ha habido una disminución en la cantidad de horarios. Antes, si la cinta duraba menos de 2 horas habían cuatro funciones y si se excedía de este tiempo eran 3. Ahora parece que la tendencia va para ser 3 horarios o 2. Tampoco se están utilizando las 2 salas y la tercera que servía para exhibiciones en video rara vez anuncia programación. Ahí vi Citizen Kane de Orson Welles y Una familia de tantas (desgraciadamente sin el final que es lo mejor de la cinta) de Alejandro Galindo. Esas proyecciones por lo general eran a un costo más bajo que las de las salas 1 y 2, si no es que resultaban de entrada libre.

Algo está oliendo a podrido en Conarte y Cineteca. La difusión está dejando mucho que desear. Cuando vivía en León apenas unos días antes se conocía el contenido de la Muestra y en las taquillas no había bonos sino hasta el mero día de la primera película. Este diciembre que fui ya estaba anunciada la programación, con una manta panorámica afuera del cine donde van a poner los filmes y eso que allí va a llegar ¡¡en marzo!!

No existe en Cineteca Nuevo León un solo programa de cinéfilo frecuente o algo que se le parezca (en algún momento lo hubo) como lo hay en las cadenas comerciales o en la Cineteca Nacional. Tampoco parece que existe ya un esfuerzo de comunicación, difusión, promoción o algo que se le parezca. Probablemente en poco tiempo ni siquiera exista Cineteca. Ese es el panorama en la ciudad que pretende hacer un Fórum de las Culturas el próximo año (irónicamente en Parque Fundidora), que aspira a ser una Ciudad del Conocimiento y que no hace nada por levantar las alternativas culturales que ya posee y que en algún tiempo funcionaron.

miércoles, enero 04, 2006

Los restos del 2005

Hacía tiempo cada año que pasaba o era tremendamente bueno o catastróficamente malos. Probablemente 2003 fue el último que merecería tener un balance negativo y, hasta eso, bastante leve comparado con otros años infaustos como 1999 o 2001. 2004 y sobre todo el año pasado han terminado por ser bastante inocuos, con uno que otro destello de fuegos artificiales, conflictos engañosamente resolvibles y dificultades cotidianas.

Ha sido el fin de la montaña rusa para entrar a otro tipo de atracciones. Adiós a la adrenalina, a las emociones rayantes en el suicidio para pasar a la maldición de lo cotidiano, del trabajo predecible, de la vida milimétricamente organizada. Hay que tener cuidado con lo que se desea y a mí se me ha cumplido. Quería detener el tren y no me di cuenta cuándo me bajaron.

2005 fue el año de la crisis de los veinticinco. ¿Por qué no hay una especie de manual donde se te especifiquen todas la crisis posibles dependiendo de la edad en la que estés? Después de la adolescencia te hacen creer que vivirás una época dorada y que el siguiente drama es a los 30 pero nadie te advierte de lo que te pasa a los 20 y a los 25. Es cierto que la de los 25 es leve, aunque eso no justifica que llegue sin avisar.

Resulta que ahora uno tiene "la vida por delante" y probablemente sea el momento con mayor libertad posible. Puedes vivir donde quieras, trabajar en un lugar, renunciar al día siguiente y encontrar otra ocupación rápidamente. Puedes hacerte tonto. Es como una amiga me dijo:"en algún momento deseaste tener tu vida y hacer con ella lo que desearas; ahora ya la tienes y no sabes para qué" Hamlet seguramente tenía 25 años cuando se le apareció el fantasma de su padre.

Por momentos esta situación me da vértigo y por otros una tremenda hueva. Si las decisiones no son mi fuerte (hasta el momento que son tomadas), menos en esta época. El 2005 significó para mí la primera campanada. Y yo apenas me vengo enterando.

Este año solo deseo salir del estanque. Volver a subirme al rollercoaster pero no quedarme arriba de él. Perder el tedio. Refrescar la memoria. Quitarle un poco de amor al arte para convertirlo en algo de interés. Conservar lo obtenido pero no conformarme con ello. Creo que el tiempo me está haciendo blando.

En 2006 solo quiero un poco más de picante, algo de sal para esta existencia en ocasiones insípida.