martes, febrero 28, 2006

U2, dos semanas después

La mayor falta de Hamlet es la inconsistencia: un día hace una cosa y al otro día ya anda en otra... y lo peor es que no se decide a hacer lo que debe. A mí me pasa lo mismo con el blog. De cualquier manera no puedo dejar pasar mi comentario sobre U2 ahora con la perspectiva de un par de semanas, las impresiones que estuvieron circulando y el desarrollo de los conciertos en la ciudad de México.

Para mí, el concierto al que asistí en Monterrey fue absolutamente memorable en lo que en términos de música y emoción se refiere. Con respecto a organización y trato de los promotores del evento estuvo a punto de ser un tenorazo. Así que este post estará dividido en dos partes: la primera sobre mi éxtasis con U2, la segunda sobre la repulsión que me causan Ticketmaster, Ocesa y la pseudonobleza antrera poser.

I. El hechizo de U2

¿Por qué hablar del hechizo de U2? Porque eso fue lo que provocó en su concierto: un encantamiento, un conjuro, un éxtasis tal que convenció a todos aquellos que estábamos dudando sobre si se vería/escucharía/sentiría bien la tocada. Que si pagamos casi 2 000 pesos, que si la pantalla nos iba a tapar, que si las colas desde las 10 de la mañana... todo eso se olvidó. Alrededor de las seis de la tarde por las oficinas del estadio U2 llegó y el público se levantó: Bono y The Edge se detuvieron en las escaleras para saludar de lejos a todos los que estábamos allí y Larry y Adam pasaron un poco más discretos. No vi a Bono pero sí me puse a gritar: ¡¡¡Es The Edge, The Edge!!!!! cuando lo vi pasar. Ya desde ahí el concierto se sentía inminente.

A las siete entraron en punto The Secret Machines. Las dos primeras rolas más o menos rescatables, pero de ahí las que les siguieron fueron de una planaridad total. Aburridas, sosas y sin prender al público interpretaron varias canciones. No supe ni cuántas tocaron porque no había mucha diferencia entre ellas. La última retomó un poco del ritmo con el que empezaron. Como bien me comentaron, no tocan mal pero no son grupo para abrir un concierto... si acaso para escucharlos en un bar de manera más relajada. No sé si porque uno de los chavos del grupo tiene parientes en Monterrey los escogieron para abrir (aunque también lo hicieron en los conciertos del DF), pero si en Buenos Aires van a iniciar el concierto los Franz Ferdinand, y en Europa los encargados van a ser nada menos que The Killers e Interpol... ¿por qué aquí nos tenían que recetar a una bola de desconocidos sin presencia? Al menos hubieran puesto algo local decente como Zoe. Pobres de los que van a ver a los Rolling Stones porque les van a recetar a Alejandra Guzmán... ciertamente pudo haber sido peor.

Secret Machines terminó alrededor de las siete y media y de ahí a esperar una hora para que apareciera U2. Ocho y media de la noche, después de una tarde teniendo al sol de frente que me dejó unas chapas de 24 horas de duración, sale Bono a cantar Vertigo. Qué momento tan impresionante. Por fin, por fin, por fin estaba yo ahí, en un concierto de U2... por fin lo había logrado. Luego siguieron con Electric Co. desconocida para la mayoría del público (ver segunda parte) y Elevation con su coro contagioso. Primer momento en el que se sintió un poco de empatía del público terminaría diluyéndose entre todo aquello que no fuera All that you can't leave behind y How to dismantle an atomic bomb.

Sin embargo la calidad del espectáculo no decayó. Adoré a Bono en Love and Peace or Else. Cuando se aventó a tocar la batería en el proscenio con los ojos vendados fue impresionante su energía. Logré apreciar mejor sus nuevas melodías como Original of the species y Sometimes you can make it on your own. Su Cielito Lindo que le serviría al público para pedir el encore me puso muy sentimental. El momento decisivo en el cual Bono me derrumbó fue Lady Sarajevo. Esas letras en italiano fueron el instante en donde pasé del piso a la euforia, al desgarre total. Y si creía yo que ahí no podía haber más llegó Where the streets have no name. Plenitud total.

The Edge fue un dios de la guitarra. Quemaban sus cuerdas, sus acordes. Es increíble cómo puede manejar tal rango de sensaciones de una rola a otra: la furia de Bullet the blue sky o de la ya citada Love and Peace, el jugueteo militar de Sunday bloody sunday, la armonía de Beautiful day, la melancolía de One y la intimidad acústica de Yahweh. The Edge demostró por qué U2 en vivo es de otra dimensión.

Y así se fue terminando el concierto. Dos encores para cerrar como iniciamos. Apenas llegaron a las 2 horas. Nunca serán suficientes pero bastaron para decir "estuve ahí".

II. El espacio periférico: Ticketmaster, Ocesa, el público

Ticketmaster hizo de las suyas como siempre. Cuando compré los boletos no había mapa disponible. Es más, veías la pantalla de la computadora donde se despachaban y solo aparecían una multitud de caracteres. ¿Que dónde te iba a tocar? Los representantes de Ticketmaster decían que no sabían, que no tenían idea, que todo iba a ser general, que como fueras llegando... Trágate el cuento 2 meses.

Luego resulta que en internet (cuando regresó el sistema, 3 horas después de iniciada la venta) sí había mapa y que las operadoras telefónicas también lo tenían. O sea que si te ibas a formar para alcanzar un buen lugar, en realidad terminaban tomándote el pelo. Si hablabas por teléfono al menos tendrías oportunidad de saber el zarpazo que estaban a punto de acomodarte.

Por justificaciones no paraban: que si se necesitaban vender boletos caros para pagar el evento, pero que los mejores lugares eran para gente que pudiera pagar menos y así el concierto no se volviera elitista y un largo sinfín de excusas. Al final se veía que hicieron lo que se les hinchó la gana, organizaron como quisieron y ganaron la lana que se les antojó.

Ahora resulta que Ocesa es una institución de beneficiencia preocupada por la gente de "escasos recursos". Eso sí, hicieron un caos a la entrada del estadio dejando un solo acceso para todas las puertas de la parte oriente, teniendo gente de seguridad que estaba de adorno pues cualquiera podía colarse a la fila y ellos se cruzaban de brazos. Yo era el número 40 en mi puerta y terminé siendo el 60. Lo peor, ya apagadas las luces se "dieron cuenta" que había gente sentada en las escaleras y fueron a recorrerlos obviamente ocasionando molestias y enojos. Se ve que sobrevendieron porque a las 3 PM ya se habían llenado los lugares del área donde estaba y todavía seguía accediendo gente. No fue privativo de aquí ya que también en los conciertos de ciudad de México se escucharon comentarios similares.

Para coronar el público estuvo flojo. Tanto que hasta Larry Mullen declaró en el DF que habían sentido fría a la audiencia de Monterrey. Claro, si estaba lleno de posers que medio se sabían los sencillos de los últimos dos discos (en el mejor de los casos) y en las demás canciones enmudecían. Yo creo que pensaron era cool y super fashion ver a U2 así que compraron su boleto para luego presumir al día siguiente y decir: "wey, o sea, tipo que estuvo super padre, Bono super lindo diciendo que hay que unirnos, ¿sabes cómo?" y otras frases huecas por el estilo. Hasta Nati (el gobernador del estado) dizque quedó con Bono para que le hiciera promoción a su despilfarro y atraco llamado Fórum. Si bien uno no va a ver a la audiencia se siente raro no sentir el contagio de la euforia con ellos. Pinche público regio, la neta es que no se lo merecen.

III. Epílogo y conclusiones

Ya entrado en gastos y aprovechando que viene Depeche Mode anuncio mi intención de ir a verlos, con aprendizaje adquirido despúes de U2:

1. Se presentan el 5 de mayo en el Foro Sol de la ciudad de México y el 7 de mayo en la Arena Monterrey, ídem ciudad. Como yo el 6 de mayo voy a ir a la boda del año en Veracruz y viendo que se complica un poco llegar al concierto el día 7 he decidido ir a México. Además aprovecho para tomármelo como regalo de cumpleaños.

2. Ventajas de verlo en México: NO posers regios, NO niñas fresas idiotas, NO ambiente de hueva. Público compuesto de fans preferentemente.

3. Desventajas de verlo en el DF: Transportarse, aunque puedo quedarme en casa de mis tíos y regresarme en metro. Tomar línea 9 en estación Ciudad Deportiva, cambiar en Centro Médico a línea 3 y bajarme en Zapata. De ahí tomar el micro que corre por todo Félix Cuevas y misión cumplida.

4. La prevención: La venta en Monterrey fue anunciada para el lunes 6 de marzo según mis fuentes (todavía tengo que confirmar). En México todavía no se anuncia así que compraré el boleto aquí y luego intentaré en el DF cuando salgan allá. Así si consigo para el DF vendo el de Monterrey y si no, ya tengo asegurado el de aquí y solo tendré que encomendarme a la puntualidad de las líneas áreas (lo cual no es muy buena idea).

5. Modo de compra: ¡¡¡¡¡¡Teléfonoooo!!!!!!!! o internet si es posible. Hacer fila de madrugada queda terminantemente PROHIBIDO.

domingo, febrero 12, 2006

U2 Today

Y por fin llegó el día. En unos momentos más iré a hacer cola para el concierto que tanto tiempo había esperado. Ayer mientras estaba en el cuarto piso de la biblioteca del Tec me tocó escuchar un poco del ensayó. En mi cuaderno apunté 2:18 PM City of blinding lights. Se notaba que ahí estaban ya Bono, The Edge, Larry y Adam anunciando lo que sería el día de hoy.

En la noche, mis roomies se fueron al sound check general. Dicen que por la selección de canciones que estuvieron ensayando parece que el concierto va a estar magnífico. Muchos clásicos de esos que cada uno tiene su favorito: Pride, Sunday Bloody Sunday, Until the end of the world, One, Mysterious ways...

Lo que no sabemos es si vamos a tener buena visibilidad. Eso de soportar el monopolio de Ticketmaster en la asignación de boletos es un asco. Ahora resulta que siempre sí estaban los lugares asignados por áreas y que incluso había numerados. Cuando yo estaba formado solo se manejaron 3 zonas con distintos precios y según el representante de Ticketmaster todas iban a ser de admisión general. Pero al final quedó con que la zona de mayor precio los asientos van a ser de distinta calidad y visibilidad. Ya mis roomies que han estado haciendo scouting toda la semana por el estadio Tecnológico dieron la voz de alerta que probablemente los vayamos a ver de lado. Lo peor es que con la política de cuatro boletos por persona vamos a quedar en lugares distantes.

Es la última vez que hago fila para conseguir boletos. Para la próxima me quedaré en casa llamando por teléfono o intentando en la red. Si no hay suerte, siempre habrá una reventa. O Ticketmaster podrá tener la desfachatez de abrir el sistema de boletos 24 horas antes del concierto para sacar remanentes. Eso se llama no tener madre.

sábado, febrero 11, 2006

Hollywood, Oscar y el queso amarillo

Además de mis incursiones en cineclubes, estas semanas no me he perdido de los estrenos pertenecientes a la temporada fuerte de películas que llegan conforme van anunciándose los ganadores y nominados de las entregas de premios en Estados Unidos. Cuestión de pura mercadotecnia porque nada indica que esas sean las mejores películas del año, ni que muestren nuevos panoramas en lo que al cine se refiere, ni que vayan más allá de tener una buena fotografía y actuaciones decentes. Hecho que también carece de espectacularidad pues un director que se precie de serlo debe sacar interpretaciones creíbles de sus actores y debe preocuparse porque la película esté bien filmada.

A estas alturas del partido prefiero quedarme con lo "viejito". En el Tec me he deleitado con Belle de jour (Bella de día, Buñuel 1967) y Modern Times (Tiempos Modernos, Chaplin 1936), mientras que Relaciones Culturales está presentando uno de los mejores ciclos que he visto ahí, dedicado a Carl Theodor Dreyer y en el Centro Cultural Alemán acaban de empezar uno sobre cine expresionista alemán con Das Testament des Dr. Mabuse (El testamento del Dr. Mabuse, Lang 1933), película detectivesca que no le pide nada en ritmo ni sustancia a mucho del panorama actual. Es más, una pequeña joya como Yesterday (Amanecer de un sueño, Roodt 2004) fue ninguneada en la cartelera comercial. En Gemelos Tec duró una semana con dos funciones mientras que What the bleep do we know!? (¿Qué diablos sabes?, Arnz et al 2004) permaneció cuatro meses probablemente inflada por alumnos del Tec que deseaban ver (pseudo)ciencia con algún toque "trascendental".

Ejemplos de las producciones mediocres que han llegado son Walk the line (Johnny y June: pasión y locura, Mangold 2005) y North Country (Tierra Fría, Caro 2005). Cuando se me olvida por qué a Hollywood se le califica de industria, éstas cintas no hacen más que refrescarme la memoria. Walk the line parte de un guión prefabricado y por si fuera poco exhibido el año anterior: cualquier parecido con Ray (Hackford 2004) no es ninguna coincidencia. La diferencia es que en lugar de tener a un afro, tenemos a un blanco. De ahí todo es igual: ambos son sureños, una tragedia les marca la infancia, la fama les llega de repente, se drogan, se acuestan con todas las mujeres que se ponen enfrente, hacen sufrir al amor de su vida, su carrera por momentos parece acabada pero hay un suceso cuasimilagroso que la levanta. La estructura de las cintas también es similar pues abarca una sucesión de clips musicales que interfieren con lo poco de historia que pueda haber. Al final, el espectador debe reconocer que sus ídolos son unas almas de Dios y que se han redimido de manera ejemplar. No debe sorprendernos la indulgencia de ambas pues Ray fue producida de común acuerdo con la familia de Charles y Walk the line está basada en la autobiografía de Johnny Cash.

También comparten los pocos elementos agradables que pueden tener: sus actuaciones. Si en Ray, Jamie Foxx sorprendió con su caracterización milimétrica de Charles, en Walk the line se ha procurado tener como pareja protagónica a los dos mejores actores de su generación. Tanto Joaquin Phoenix como Reese Witherspoon han sacado lo mejor de sí en esta cinta (personalmente me quedo con Reese) demostrando no sólo llevar su papel adelante sino también darse la réplica y mostrar eso que se llama "química de pantalla". Puede ser que Oscar ya tenga su ganadora.

Por otro lado está North Country que narra el drama de unas mineras de Minnesota acosadas y discriminadas por su condición femenina. Temática que podría permitir una reflexión menos telenovelesca cae en el cliché: la heroína (Charlize Theron como Josey Aimes) es maltratada por su ex marido al que abandona, se va a vivir con sus padres con quienes no lleva una buena relación, se mete a trabajar de minera para poder tener una casa donde criar a sus hijos y ser feliz para siempre. Obviamente debe salir todo mal si no, la película no tendría chiste. No tiene ni idea acerca del ambiente machista al que va a llegar, ni todo lo que deberá aguantar con "sentido del humor" como su supervisor le dice. Eso sí, se hace de una amiga (Frances McDormand como Glory) quien la defenderá y le permitirá sobrevivir mientras sea posible. El desenlace a pesar del cúmulo de tragedias que aparecen en North Country (todavía hay más) termina siendo feliz. Telenovela Hollywood 100%.

Dos nominadas: Charlize Theron y Frances McDormand. Para mí, Theron es una actriz sobrevalorada. Desde Monster que a todo mundo le pareció suprema su interpretación, a mí se me hizo que solo sabía pelar los ojos y dar manotazos. La supermodelo pudo volverse fea y actuar como tal, pero entonces habría que mejor premiar al departamento de maquillaje en lugar de a la maquillada. Acá no necesariamente debe representar a alguien mal parecido pero aún así la historia requiere que el personaje no sea demasiado atractivo, pero lo suficiente para ser tachada de mujer fácil. Nada más allá del promedio la actuación de Theron en una película con tema políticamente correcto.

Sobre McDormand tengo que expresar mi desilusión. ¿Por qué encasillarla en el papel de machorra? Si la vieron en Wonder Boys, ahí se encuentra fuera de esa faceta y aún así luce y actúa fenomenalmente. En Fargo, su rol más conocido, se ve completamente natural sin caer en lugares comunes como en North Country. Además de ser una mujer dura, representa a una persona enferma y ya se sabe cómo esos papeles pueden mover a Oscar. Si no estás demente, paralítico o padeces de tus capacidades mentales en una película, entonces ¿cómo demuestras que actúas? Vaya que había actrices de reparto por considerar como Maria Bello en A history of violence. Definitivamente no es uno de los mejores papeles de McDormand.

El queso amarillo se hace con los restos de los otros quesos que no se pudieron vender y terminaron podridos. Se les da un tratamiento enzimático, se reempaquetan y la gente se come los desechos que ella misma produjo. Todos tienen color amarillo radioactivo y saben al mismo plástico aunque Kraft diga que es como si te tomaras dos vasos de leche. Igual saben Walk the line y North Country: al mismo queso amarillo procesado y reprocesado de siempre a pesar de sus litros de leche.

domingo, febrero 05, 2006

El delicioso mal gusto de John Waters

Mucha de mi ausencia en este espacio se debe a que el mes pasado me he dedicado a la muy deleitable pero fatigosa actividad de ver 5 a 6 películas por semana. Todo esto entre cineclubes, muestra de cine en Cineteca y temporada alta en la cartelera comercial. Los DVD's ni los he podido tocar y hoy ya me compré otro (Germania anno zero. "Alemania año cero" de Roberto Rossellini) que quién sabe cuando lo veré. Fruto de una de esas incursiones (en Gargantúa, Escobedo casi esquina con Carlos Salazar, martes 8 PM) fue la oportunidad de conocer tres películas del llamado maestro del mal gusto: John Waters.

Waters inició su carrera haciendo cortos y películas de la manera más rudimentaria posible. Filmaba en el patio trasero de su casa o con sus amigos y las exhibía en cines de medianoche o donde le dejaran. A él se le debe la creación de ese personaje imposible llamado Divine y muchas de las escenas más asquerosas, absurdas pero increíblemente hilarantes del cine. La fama de Waters empezaría con Pink Flamingos, filme infame que relata la competencia entre los Marble y Divine para ver quiénes son las personas más ruines (filthiest people in the world, en el original, intraducible al español) sobre la faz de la tierra. Relacionada en la memoria colectiva por la escena donde Divine come excremento de perro enfrente de la cámara, marca indeleble de la cinta, en Pink Flamingos hay mucho más que desechos intestinales.

Las debilidades de Pink Flamingos son a la vez sus mayores cualidades. Su fotografía descuidada le da un aire de inmediatez y frescura que la hacen muy cercana al espectador. La tonada infantiloide de los diálogos se acomoda a los personajes: una bola de outcasts, enfermos mentales, depravados sexuales pero tremendamente espontáneos y bien dibujados. El diálogo es una delicia total pues su contenido absurdo es declamado en tono de drama shakespeareano.

Pink Flamingos a pesar de brillar gracias y por Divine se equilibra con todos los demás personajes. Los Marble (interpretados por Mink Stole y David Lochary) ocupan buena parte de la película permitiendo que haya una caracterización efectiva. La madre de Divine, Eddie (Edith Massey), es el personaje secundario más impactante y tan memorable que en las películas subsecuentes de Waters su aparición causa conmoción. Las líneas sobre los huevos y el "huevero" (the eggman) son para la posteridad.

Female Trouble sería la película que vendría después de Pink Flamingos. Después del éxito que significó esta farsa, Female se convierte en un vehículo totalmente dedicado por y para Divine. Con un poco más de locaciones y presupuesto, Female... es una tragedia total. Divine interpreta a una desubicada Dawn Davenport, chica totalmente impopular en la prepa (ya sabemos el trauma que eso es para los gringos), expulsada de su casa y lanzada a las calles a donde es violada y termina embarazada de una niña adorable que se convierte en una especie de Popis (sí, la del Chavo del 8) detestable. Casada luego con un tipo que su madre (la infaltable Edith Massey) desea volver gay, Dawn encuentra la fama de manera casual pues la convencen de ser una de las personas más atractivas del universo. A pesar de las posibilidades de la trama la película se vuelve exageradamente centrada en Divine y termina siendo fastidiosa.

La última película del ciclo fue Polyester donde John Waters prueba los beneficios del mainstream. Aunque sacrifica la irreverencia mostrada en Pink y Female, sus personajes no dejan de ser los inadaptados de siempre. Divine sale de su papel de mujer de los barrios bajos para convertirse en una ama de casa preocupada por sus hijos y de moral religiosa intachable. Francine Fishpaw vive una vida desgraciada con una madre dominante, un marido que le pone el cuerno, una hija facilota y un hijo que tiene un fetichismo de pies exacerbado (característica que ya tenían los Marble en Pink Flamingos). Waters, declarado admirador de Douglas Sirk, demuestra su muy personal asimilación de las tramas telenovelescas de su ídolo. La escena donde Francine sale gritando para suplicar que dejen en paz a su familia y les permitan ser como quieren es inolvidable.

Mi única experiencia con Waters fuera de este ciclo había sido Serial Mom (creo que fue titulada en México como "Mi mamá es una asesina" o algo por el estilo) con Kathleen Turner como una ama de casa modelo que a la vez es una asesina serial. Película filmada en tonalidades pastel kitsch es uno de los ejemplos del cine post-Divine de Waters. Una segunda vista no sería una mala idea.